TOKYO-EL VATICANO.- El papa Francisco pidió una prohibición global a las armas nucleares, al conmemorar el septuagésimo aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki. El Sumo Pontífice dijo a la multitud en la Plaza San Pedro, después de la oración semanal del Ángelus, que “con la guerra siempre se pierde; el único modo de ganar una guerra es no hacerla”. El bombardeo de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945, “se ha convertido en un símbolo del desmesurado poder destructivo del hombre cuando hace un uso perverso de los progresos de la ciencia y de la técnica”, indicó.
El papa dijo que los “atroces” bombardeos constituyen “una advertencia continua para la humanidad, para que repudie para siempre la guerra y acabe con las armas nucleares y de destrucción masiva”.
A su vez, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, revalidó el compromiso de Japón contra el uso de armas nucleares tras la polémica reforma militar emprendida por su gobierno, durante la conmemoración del 70° aniversario del ataque atómico contra Nagasaki.
Estados Unidos lanzó el primer ataque nuclear de la historia sobre la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y tres días después lanzó una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki, lo que condujo a la capitulación de Japón el 15 de agosto y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Más de 74.000 personas fallecieron en el acto y otras 63.000 murieron posteriormente por la radiación y las heridas causadas por la explosión, que barrió del mapa la tercera parte de Nagasaki y prácticamente la totalidad de su área industrial.
El gobierno y la sociedad japonesa recordaron ese dramático episodio de su historia. “Como único país que ha experimentado los horrores de un ataque nuclear, lideraremos los esfuerzos para conseguir un mundo libre de armas atómicas”, destacó el primer ministro, Abe, durante su discurso ante 6.700 personas.
Japón “seguirá adhiriendo a los principios de no producir ni poseer armamento atómico y de no permitir la entrada de estos artefactos en el país”, agregó y puso fin al debate sobre la posibilidad de que su Ejército pueda transportar armas nucleares en operaciones de apoyo a sus aliados. Tras el ataque y la capitulación, el país, dominado ahora por la nueva superpotencia mundial, Estados Unidos, aprobó una nueva Constitución Nacional, en la que renunciaba a la guerra. Más tarde, en 1967, le sumó un compromiso para rechazar cualquier uso militar de la energía nuclear.
Al acto asistieron delegaciones de 75 países, entre ellos representantes de ocho potencias nucleares como Estados Unidos e Irán, así como numerosos hibakusha, nombre que reciben en Japón los supervivientes de los bombardeos nucleares estadounidenses. (Reuters-Télam)